“Estimada señora González -Sinde:
Agradezco mucho a los profesionales del arte que me recordasen y evaluasen en el modo en que lo han hecho. No obstante, y según mi opinión, los premios se conceden a quién ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes.
Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado. Un Estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar que partido ocupe el puesto. Un Estado que participa en guerras dementes alineado con un Imperio criminal. Un Estado que dona alegremente el dinero común a la Banca. Un Estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.
El Estado no somos todos. El Estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto no me cuente entre ellos, pues yo soy un artista serio. No señores. No, Global Tour.
¡Salud y libertad!. Santiago Sierra”
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“…Claro, la institución arte es muy compleja porque tiene, como es el caso de España, una política de premios que es el modo de vida que tienen los artistas para sobrevivir. Se trata de una dinámica de obediencia: el premio se le da, pues, al perro por haber hecho una buena labor. A los artistas les va bien si le dan la mano al poder, si aparecen retratados con el poder, a ser posible junto al rey.