“…se duda de que tales esculturas hayan existido nunca y apuntan a que la operación habría sido «una simulación absoluta con la finalidad de desviar fondos públicos a una cuenta correspondiente a una entidad privada, respecto de la que se ha de determinar quién era su titular y, en definitiva, el beneficiario final». Va más allá incluso el querellante al señalar que de todo este asunto «se desprende que, presuntamente, el alcalde actuó con el propósito de disponer para sí mismo, o en favor de tercero, de los caudales municipales». (Leer completo en “120.000 euros por unas esculturas de cuya existencia no se tiene constancia”. La Verdad)
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