
“Algunos fondos están hechos con lo que caía de la cúpula. Veía que llovía pintura y puse varias telas en el suelo para recuperar la pintura que caía del techo. Yo siempre reciclo”, sonríe. De esa materia en punta se nutren sus nuevos paisajes africanos, que recuerdan a algunas de sus acuarelas de mediados de los noventa. Hay en ellos figuras humanas, animales domésticos, objetos y vegetación. En otros, la presencia del río Níger lo inunda todo, con pescadores y canoas. “Unos los hizo allí mismo, en Mali, y otros en su estudio de París, recreados en su imaginación”, añade Juncosa.
“Todo esto es como crear un Belén. ¿Conoces los belenes, verdad? No sé si queda muy bien decirlo, pero es verdad. Ahí están las montañas, los ríos un Belén”, pero hasta el propio Juncosa hace referencia al carácter cercano y popular de la obra de Miquel Barceló. “Es algo así como una cosmogonía Dogol”, remata para hablar de la presencia de la cultura africana que desborda su taller de Mali.
Grietas, arrugas, materia retorcida, marcas, ondulaciones “Mi obra es materialidad. Es pintura en sentido físico”, y gesto. Barceló recuerda que incluso hay olas reales de pintura en algunos de los cuadros que se enseñarán… “(Leer completo en Público)
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